En mi trabajo con niños y familias suelo recomendar que los niños vivan la experiencia de irse de campamento. Es algo que puede resultar muy positivo y aportar aspectos beneficiosos en el desarrollo de los menores.
Razones por las que son positivos los campamentos para los niños:
Ocio con otros niños y al aire libre.
Los niños de las ciudades pasan cada vez más tiempo dentro de casa y el tipo de ocio que suelen tener es individual y poco activo. Los días de campamento es una forma para que desconecten de tecnología, jueguen y disfruten de otra manera. Compartan experiencias con otros niños, participen en juegos de equipo, gasten energías, corran, salten y griten. En conclusión, que se comporten como niños.
Fomenta la independencia y la confianza en sí mismos.
Durante estos días tienen que afrontar tareas cotidianas por ellos mismos y sin tanta ayuda por parte del adulto. Elegir su ropa, ordenar su tienda u habitación, recoger sus cosas. Todo ello de manera autónoma les aporta seguridad y confianza de que pueden hacerlo bien. Son capaces de hacer muchas más cosas por sí mismos de lo que ellos piensan. Esto les da recursos para afrontar las situaciones nuevas desde la confianza y no desde el miedo o la inseguridad.
Relaciones con otros niños.
Les da una oportunidad de socializarse con otros niños diferentes y en unos contextos totalmente distintos al escolar. Poner en práctica sus habilidades sociales, aprender habilidades nuevas y afianzar las relaciones de amistad.
Valoran más lo que tienen en casa y aumenta su capacidad de adaptación.
Parece que les da una perspectiva distinta y más positiva de lo que tienen en casa y de lo que les ofrecen los adultos. Les hace tomar un lugar de “uno más” y no ser tanto el centro de atención. Tienen que adaptarse a las reglas, horarios y actividades del campamento. Esto es muy positivo ya que a veces desde un exceso de protección se adapta todo y de una manera excesiva a los niños. Llevándoles esto a frustrase en exceso cuando esto no ocurre y a un alto grado de rigidez que les hace llevar mal los cambios.
Aporta empatía.
Conviven con distintos niños que tienen distintas costumbres. Compartiendo todo desde que se levantan hasta que se acuestan. Cada niño con sus fortalezas y debilidades. Ver estas situaciones les ayuda a aprender a ponerse más en la piel de los demás. Y no sólo tener en cuenta su manera de ver las cosas.
Disminuye la posibilidad de tener miedos más adelante ante la separación de los padres.
Es positivo pasar unos días fuera de casa sin estar siempre acompañados por la familia. Si estas separaciones se dan en un entorno divertido para los niños, normalizaran pasar tiempo sin sus padres y lo vivirán como cualquier circunstancia más y para la que están preparados. Se adaptaran y vivirán separaciones futuras como algo que no tiene por qué conllevar una situación mala o en dónde se van a encontrar mal. En ocasiones, cuando nunca han pasado una noche fuera de casa sin sus padres, los niños lo viven con mucha ansiedad, no se ven capaces de afrontarlo por ellos mismos. Creen que les puede pasar algo malo a ellos o a sus padres. Siendo esto una limitación para toda la familia y pudiendo conllevar no disfrutar de algunas experiencias como viajes de estudios, ir a dormir a casa de un amigo o que los padres puedan disfrutar de un viaje sin niños.

Artículo publicado por Patricia García en el número Especial Campamentos de la revista Ser Padres (Mayo 2018)