El cáncer es una enfermedad, que cuando nos enteramos de que alguien de nuestro entorno puede sufrirla o incluso nosotros mismos; hace que todo nuestro mundo tiemble. Nos comenzamos a plantear muchas cuestiones fundamentales o primordiales de nuestra vida: nuestros esquemas de valores, nuestro futuro… Nos somete a un gran impacto emocional. Parece que perdemos por completo el control sobre lo que nos está pasando y que no podemos hacer nada por evitarlo.
Pero sí que existen aspectos sobre los que podemos actuar o influir. Tenemos control sobre el modo en qué vamos a afrontar la enfermedad. Sobre nuestra manera de asumir lo que nos pasa, sobre cómo manejar estas emociones, y sobre lo que vamos a hacer al respecto.
Parece que esto no es importante, pero es la clave de todo lo que nos pasa en la vida.
Nuestra capacidad de influencia sobre las situaciones que vivimos siempre se encuentra limitada. No podemos controlar que salga el sol, que nos toque la lotería, que no muera un ser querido. Pero sí que podemos controlar cómo nos afecta. La diferencia entre personas felices e infelices, muchas veces radica en cómo asumen y afrontan lo que les pasa. El cáncer es un claro ejemplo de ello.
Está demostrado como cierto tipo de aspectos psicológicos pueden provocar o exacerbar multitud de síntomas físicos. Ejemplo de ello son las enfermedades psicosomáticas o como en muchas enfermedades autoinmunes el precipitante es una situación de estrés.
Pero esto también ocurre en el sentido contrario, personas positivas, optimistas influyen de modo beneficioso en su organismo.
En toda pérdida o cambio brusco que experimentamos, existe esta primera fase en donde necesitamos adaptarnos a la nueva realidad. En un principio pueden surgir sentimientos de incredulidad, de que no nos puede estar pasando a nosotros. Luego posiblemente surjan otras emociones como la rabia, el enfado, la tristeza, la ira.
La manera en que manejemos estas emociones puede influir en el curso de la enfermedad y algo que no debemos olvidar: en la calidad de vida de la persona con cáncer y de sus familias.
Tener cáncer no es sinónimo de muerte
No podemos dejar que la palabra cáncer nos sustituya como personas. No podemos permitir que en donde antes existía María: abogada, aficionada a los deportes, amante de la música clásica y amiga de sus amigos. Que se ríe de las bromas malas y que adora a los perros. Ahora sólo exista María: mujer con cáncer.
Somos personas que se enfrentan al cáncer. Con todo lo bueno que aportamos. No puede ocupar toda nuestra vida y quedarnos únicamente con ello.
Hay que asumir que se van a producir muchos cambios: a nivel físico, psicológico, social. Que se van a presentar limitaciones y problemas.
Una visión ingenua de la enfermedad no nos va a ayudar. Pero tenemos que intentar quedarnos con aquellas cosas, que nos hacen sentirnos vivos y que nos hacen ser quienes somos.
Esas cosas son las que nos pueden ayudar a enfrentarnos a la enfermedad. Ya que son las que dan sentido a nuestra vida y nos dan fuerza para seguir .
Una de éstas, es pensar cómo nos hemos enfrentado en otros momentos de nuestra vida a las dificultades. En qué recursos o herramientas tenemos para afrontar problemas. Esto nos puede orientar acerca de cómo podemos dirigir nuestra lucha.
Si somos personas más racionales, que nos gusta contar con toda la información acerca de lo que tenemos entre manos, hagámoslo. Solicitemos a nuestro médico o equipo de profesionales que nos proporcionen esta información. Si somos más emocionales, y lo que nos ha valido otras veces es hablar y expresar nuestros sentimientos, en este caso también nos será útil.
No hay fórmulas mágicas que nos sirvan a todos por igual, cada una debe buscar la suya propia. La que le sirva en cada momento a manejar lo que le está pasando. Pero todas tienen algo en común: tenemos un papel activo, nosotros estamos haciendo algo, estamos marcando una diferencia, no simplemente sufrimos una enfermedad. Sino que la enfrentamos, tenemos el papel protagonista. Seguimos siendo nosotros.
Necesitamos aprender a manejar todas las emociones que vamos a experimentar, va a ser una montaña rusa de sentimientos. Esto es una manera de adaptarnos a este cambio.
A lo mejor ya en otras ocasiones, las hemos manejado a menor nivel, aprovechemos ese conocimiento. Vamos a aprovechar todos los conocimientos o recursos que ya tenemos.
Vamos a darnos permisos a compartir nuestros miedos y preocupaciones, porque no expresarlos no nos ayudará. Ni harán que disminuya. Muchas veces al expresar los sentimientos, nos proporciona que tomemos cierta distancia emocional con ellos. Y esto facilita que tomemos decisiones más adecuadas.
No hay que intentar ser personas fuera de lo normal que lleven la enfermedad de un modo envidiable, simplemente vamos a ser personas. Y eso incluye tener miedo, ansiedad, preocupación. Si nos negamos a experimentar estas emociones, antes o después van a salir. Y pueden influir en el curso de nuestra enfermedad de manera negativa.
No tenemos por qué pasar la enfermedad nosotros solos. Vamos a buscar a nuestras personas de apoyo y a contar con ellas.
Parece que nos da miedo implicar a los que queremos para evitar dañarles. Pero seguro que se sienten más dolidos, si saben que no contamos con ellos para apoyarnos. Hacer que nuestro entorno se sienta útil, es algo que les ayudará a ellos a asumir lo que está pasando.
También podemos buscar apoyo externo, hablar con otras personas que hayan pasado por lo mismo, asociaciones, equipos de médicos y psicólogos.
Otro aspecto que nos puede servir, será mantener la cabeza ocupada. Dedicarnos a algo que nos guste, algún hobby. Hará que nuestro estado de ánimo suba, y también evitará que le estemos dando muchas vueltas a la cabeza.
Vamos a intentar buscar lo positivo, en cada día, en las pequeñas cosas. Hasta en los peores días de nuestras vidas ocurren cosas positivas, vamos a intentar focalizar nuestra atención en estos detalles. Esto junto a intentar vivir el momento, nos dará un sentido a nuestra lucha. Y nos sentiremos más animados y con más fuerza.
Cuidarnos también es importante, cuidar nuestro descanso, nuestra alimentación. Incluso nuestra imagen física es importante. El vernos bien aumenta nuestro estado de ánimo y nos sentimos con más ganas de hacer cosas. Todo ello contribuirá a que nos sintamos mejor.
Podemos hacer muchas cosas para intentar superar esta enfermedad, la más importante ser nosotros mismos y buscar una actitud lo más optimista posible.
No sabemos cuál será el final del camino, pero podemos hacer que el camino sea lo mejor posible.